
Crónicas tailandesas (IV)
El sábado pasado nos invitaron a una boda akha y el domingo estuve de viaje a Chiang Mai. Por ello no pude escribir en el blog hasta hoy. En otro artículo os contaré algo sobre la boda, ahora os voy a hablar de la “religión” akha.
Los akha creen en los espíritus. Hay espíritus de la naturaleza, espíritus de nuestros ancestros y espíritus para cada una de las partes de nuestro cuerpo. Cuando uno viaja al extranjero, por ejemplo, y se encuentra mal, el motivo hay que buscarlo en un espíritu interior que tiene miedo y su miedo repercute en el cuerpo. Existe el espíritu del ojo, de la mano o del hígado, y cada uno de ellos es el responsable de que los órganos funcionen bien o mal. Cuando una parte del cuerpo está enferma, es el espíritu de esa parte el que está enfermo. Los akha conocen el nombre de sus antepasados, hasta más de 70 generaciones anteriores, porque los padres lo transmiten a sus hijos. Cuando una persona está grave, acude al chamán del pueblo y éste conjura a los ancestros del enfermo nombrando toda la retahíla.


En cada aldea akha existe una puerta simbólica, como la de la fotografía, que sólo se traspasa en alguna ceremonia importante. Esta puerta separa el mundo de los vivos y el de los espíritus, por una parte, y el mundo de los buenos y los malos espíritus, por otra. Las figuras sexuales junto a la puerta propician la fertilidad porque, según ellos, no saben cuándo es el momento adecuado para tener hijos. El resto de figurillas protegen la aldea.

A los voluntarios también nos hicieron esta ceremonia el último día. Conservaré el collar junto con los recuerdos tan especiales de estos días que he pasado con los akha. Os seguiré hablando de ellos dentro de unos días. Ahora mismo espero un bus que me llevará hasta Chiang Mai, iniciando así otra etapa diferente de mi viaje.
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